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Las tontas no van al cielo 2008-06-20
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Por Álvaro López Ortega Magallanes
He estado analizando el contenido de la producción que lleva este nombre, la primera telenovela “de vanguardia” de Televisa, como han dicho en su presentación.
Esa vez, el elenco decía estar ilusionado por abordar temas positivos, como el surgimiento de una "nueva mujer", independiente y decidida; el temor al compromiso y el cambio interior como actitud de vida. ¿Quién podría oponerse a mensajes tan constructivos?
El problema es que si el error se presenta tal cual, es rechazado; sin embargo, cuando aparece vestido de verdad, como es el caso, es para cuidarse, y es donde los que no son “tontos” deben tratar de desenmascararlo, sin dejarse engañar.
Me extraña mucho que Jacqueline Bracamontes haya aceptado ese proyecto que es, para fines prácticos, una apología de la ideología de género.
En esta producción, el tío homosexual de Candy (Bracamontes) quiere justificar su “preferencia” ante su hijo, recetándonos cápsulas completas –como copiados de un manual–, de la ideología de género, lo mismo que la defensa del condón como la “la solución” para el VIH sida, cuando todos sabemos que no lo es, porque no ataca las causas, sino que sólo se ocupa en tratar de evitar los efectos.
No deja de ser paradójico que en México se luche contra el tráfico de drogas o por defender la “soberanía” en el tema del petróleo, mientras se apoya con total complicidad –incluso desde las nuevas leyes que van surgiendo- ese contrabando silencioso de ideas, que vienen de fuera, y que se infiltran como líquidos que se inyectan a un paciente a través de la sonda del suero, que le debería dar la vida.
Nuestra sociedad está enferma, está muriéndose moralmente, porque esa ideología destruye las bases y los valores de la familia, que es el ámbito natural donde puede desarrollarse todo el potencial de los mexicanos.
Soy el primero en oponerme al machismo y a la discriminación a la mujer, pero creo que no es en los extremos donde se haya la solución.
Lo que necesitan las mujeres para lograr la igualdad, los ancianos para no ser “eutanasiados”, los niños para no ser abusados ni asesinados en el vientre de su madre, no es un enfoque de género, como nos quieren imponer desde fuera –siguiendo la doctrina de Beijing en 1995–, es un “enfoque de familia”, donde todos valgan por lo que son, por ser personas, un punto de vista que no se basa en la lucha de la mujer contra el hombre, sino en su complementariedad, que es la clave para lograr la verdadera igualdad.
Este tiempo necesita “personas inteligentes”, que no se dejen engañar por ese adoctrinamiento, primero, por su bien presente, pero también –y conste que no lo digo yo–, porque las que son “tontas”… no van al cielo.
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